Investigadores de la UVa certifican la desaparición del glaciar de la Paúl en el macizo pirenaico de Posets

Investigadores de la UVa certifican la desaparición del glaciar de la Paúl en el macizo pirenaico de Posets

El estudio realizado sobre el terreno en colaboración con un grupo de la Universidad de Extremadura comenzó en 2008, corroborando la drástica reducción del espesor de hielo desde entonces, un proceso que se aceleró en 2018 hasta su actual ruptura y desaparición 

La campaña de campo realizada por investigadores de las Universidades de Valladolid y de Extremadura del 3 al 6 de octubre en el Macizo pirenaico de Posets (3369 m., Huesca) ha determinado que el glaciar de La Paúl ha dejado de existir.

Este grupo de investigación, coordinado por Enrique Serrano, catedrático de Geografía Física de la UVa, y José Juan Sanjosé, catedrático de Ingeniería en Geodesia, Cartografía y Fotogrametría de la UEX, controla desde 2008 la superficie y espesor del glaciar mediante técnicas geomáticas (GPS-RTK y Terrestrial Laser scanner y dron) y geofísicas (GPR, Ground penetrating Radar) con objeto de conocer su evolución, los procesos asociados al retroceso glaciar y los cambios ambientales en las zonas recientemente liberadas del hielo.

 “En los vuelos de dron del año 2021 aparecían grietas y conexión entre bloques de hielo, y en el 2022 al subir, encontramos que el glaciar se había dividido en tres pequeñas porciones de hielo relicto y ninguna tenía grietas, ni huellas de flujo, por lo que, dadas las características del verano, con temperaturas muy elevadas, sería este año cuando ha pasado de ser un pequeño glaciar a tres masas de hielo relicto, es decir sin flujo. Lo que permite confirmar que el glaciar ha desaparecido”, explica el profesor Serrano.

El glaciar de La Paúl, el segundo en altitud de Los Pirineos, se sitúa en el macizo del Posets en un circo glaciar de la cara norte. Si en 1984 el glaciar ocupaba 11,3 ha, en 2008 se había reducido a 7 ha y en 2016 a sólo 6 ha., datos que apuntaban ya a su cercana desaparición. El glaciar estaba formado por una masa de hielo que perdía superficie lentamente, sin embargo, era muy acusada la pérdida de espesor del hielo. A partir de 2019 el glaciar se dividió en dos partes, aunque la suma de ambas mantenía las seis hectáreas. En 2018, aún tenía diez metros de espesor de hielo en la porción media. A partir de esta fecha se produjo una drástica reducción del espesor de hielo en toda su superficie, de forma que entre 2021 y 2022, el glaciar se separó en diferentes porciones, dispersándose restos de hielo relicto (sobrante) por el circo, lo que permite confirmar que el glaciar ha desaparecido.

 “Desde finales de la pequeña edad del hielo (siglos XIV al XIX) han desaparecido centenares de glaciares en los Pirineos. En las últimas décadas hemos visto desaparecer glaciares como el de Coronas, en la cara sur del Aneto y hace ya cerca de 10 años, el de Posets. También hemos visto (sin un control glaciológico) extinguirse el glaciar de Frondellas y desaparecer por completo el hielo en Brecha Latour, en el Balaitous; o los glaciares de Marboré. Es un proceso común en los últimos 30 años que denota, por la velocidad en la perdida de glaciares, la gravedad de los cambios climáticos antropogénicos. Hoy día se están siguiendo glaciares que en pocos años pueden pasar a descatalogarse como tales (Infierno, Barrancs, Tempestades, Portillón, Boum), lo que muestra la fragilidad de la criosfera en las montañas templadas, como Los Pirineos”, añade.   

Un glaciar es una masa de hielo con deformación y flujo, es decir desplazamiento de la masa de hielo. Este flujo implica deformaciones y roturas del hielo, las grietas características de los glaciares. Cuando desaparecen las grietas y la masa de hielo se detiene, pasan a ser masas de hielo relicto o heleros. En el glaciar de La Paúl eran visibles las grietas de tracción hasta el verano de 2020, a pesar de su reducida extensión. Sin embargo, en 2022 ya no existen grietas que denoten movimiento. La masa de hielo se ha compartimentado en al menos cuatro bloques principales, desconectándose del área de acumulación que alimentaba la lengua glaciar. Estas masas alcanzan hoy día los 2 o 3 metros de espesor y se alojan bien en el circo, con fuerte pendiente, o bien en la porción inferior, con hielo relicto entre los afloramientos de roca. Se aprecian colapsos del hielo, o hundimientos por ahuecamiento, propios del hielo relicto. Todo ello permite confirmar, desde un punto de vista glaciológico, la extinción del glaciar de La Paúl.

La desaparición del glaciar es una pérdida física, ecológica y ambiental que significa un cambio de paisaje en la alta montaña, pero es también una pérdida cultural. Los montañeros, alpinistas y excursionistas que lo han recorrido desde hace más de 170 años pierden los referentes vivenciales que acompañan a este paisaje y al glaciar.

“Es una pérdida irreversible y absoluta para la naturaleza y la cultura pirenaica, al menos con las condiciones climáticas actuales, ya que, aunque lográramos detener los procesos de calentamiento asociados al cambio climático antropogénico. A escala geológica (decenas de miles a millones de años) todo es posible”, concluye. 

Ver trabajos glaciológicos en La Paúl, en 2018. https://albergueweb1.uva.es/gir_pangea/?p=1345

Fuente: https://comunicacion.uva.es

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